Homenaje a José Hierro
Diciembre 21, 2009
Los niños han abandonado
carruseles, montañas rusas,
nubes de azúcar, blanca o rosa, palomitas de maíz
y suspendidos de sus cometas de colores
han llegado a la orilla. Atrás quedó
la música crispada de los altavoces.
Ahora escuchan otra música más sosegada y misteriosa: jadeo de olas, disnea de cetáceos agonizantes, chillidos de las aves marinas, estremecedora polifonía. Los niños, desconectados de lo fabuloso, saben que es imposible que a Jonás se lo tragase una ballena, como cuenta la Santa Biblia, porque al final de la caverna amenazadora una garganta angosta permite sólo el paso de minúsculos pececillos, plancton, polen marino que atravesaron las barbas filtradoras. (Ignoran, sin embargo, que estas barbas fueron antaño utilizadas para acentuar la delgadez del talle de las damas. ¡Sólo Dios sabe qué habrá sido de ellas, dónde estarán ahora pudriéndose!) II Son, desde luego, extraños pero no infrecuentes
estos suicidios colectivos. Los biólogos, oceanógrafos, ecologistas nada pueden hacer por reintegrar a los cetáceos a su hábitat, a su medio natural; no sólo por su peso y su volumen, sino porque están decididas -resignadas- a morir. (Se barajan hipótesis diferentes y contradictorias: alguna, tal vez, resolverá el enigma). Hay quienes atribuyen el suceso a una avería, una desconexión -por el momento indemostrable- en el sofisticado sistema de radar que utilizan en sus desplazamientos. ¡Quién sabe cuál será la causa
de esta agonía a la que yo asistí
en las arenas de Long Island! III Yo sí lo sé. Yo he descifrado el, para los demás, indescifrable código, -¡oh mi piedra Rosetta de estrellas y de olas!- Los ballenatos, los jóvenes, los útiles, los que regresan a la mar tras culminar estas expediciones hablaban en sus asambleas nocturnas, mientras dormían las ballenas madres, de la necesidad imperiosa de librarse de este lastre de ancianas jubiladas, de toneladas de disnea y sordera. Con fuegos o aguas de artificio, pirotecnia, acuatecnia, comunicaron su resolución: “Nosotros os conduciremos a unas playas calientes, a unos lugares a los que no llegan tempestades, témpanos, balleneros; allí disfrutaréis del merecido descanso después de tantas aventuras, tantos afanes, tantos riesgos.” Las dejaron varadas en la arena. “Hasta mañana”, les dijeron, sabiendo que no volverían. “Hasta mañana”. IV Misericordioso e implacable el sol les reseca la piel repujada de algas. Muy pronto albatros y gaviotas se ensañarán con estas moles de agonía, de grasa y carne putrefacta. El sol es chupado por el horizonte, se hunde poco a poco en él despidiéndose con su rayo verde. Luego es la noche, y otras noches. El faro intermitentemente pasa su lengua de luz piadosa sobre la arena. El mar agita sus espejos negros. Sobre la seda o terciopelo funeral chisporrotean las estrellas fugaces, las ascuas de la luna de azafrán. El zumbido de las abejas marinas, el crujido del oleaje que clava sus colmillos en las rocas de azabache y cristal resuena en los oídos agonizantes de las viejas ballenas, festín de la desolación, el silencio, el olvido, la sombra. V “Hasta mañana.” Fue el último mensaje. Y ya no habrá mañana. Ahora las moribundas, ciegas y sordas tienen la mirada del recuerdo puesta en sus ballenatos, indefensos frente al testuz terrible de las olas heladas, los témpanos, las hélices, los arpones, desvalidos, sin rumbo por esos mares de Dios. José Hierro, Cuaderno de Nueva York, Madrid, Poesía Hiperión, 1998.
La vida en suspenso…
Noviembre 19, 2009
6 de octubre de 2009. Hace más de medio año que escribí aquí por última vez y volver a hacerlo hoy es como regresar de un largo viaje, cuando todos te han olvidado ya, cuando ya nadie te espera.
Desde entonces, había querido dedicar un artículo a una obra que leí hace ya más de una década, una obra olvidada de un autor olvidado, por aquello de ahondar en la idea recurrente de una vida que queda en suspenso, de un viaje del que, en este caso, nadie regresa, ni autor ni protagonista. El diario de Hamlet García de Paulino Masip.
“1.º de enero de 1935. No soy Príncipe de Dinamarca, ni me baten vientos contrarios en la encrucijada de un drama doméstico. Mi padre no fue rey, sino de su casa, y la viudez de mi madre tan honorable como su vida conyugal. Pero me llamo Hamlet. Si tuve Ofelia, como casé con ella, dejó de serlo porque la hice madre y se convirtió en doña Ofelia, aficionada al agua de los ríos cuando le faltan las densas y saladas del mar, pero no para ahogarse en ellas, aventura romántica que, si le tentó algún día, ya no le tienta. Alguna vez la he mandado a un convento, es verdad, pero era una manera figurada de decir, punto de destino imaginario sin más valor que la luna o las antípodas. Ni ella pensó en hacerme caso, ni yo se lo hubiera agradecido.”
Así comienza a narrar su historia este don nadie, este pequeño burgués, profesor ambulante de metafísica, observador pasivo de la terrible realidad que le tocará vivir, de la que no es ni siquiera consciente, sumido como está en sus propios pensamientos. De ahí su anotación del 17 de julio de 1936, Hoy ha hecho mucho calor, escribe, nada más y nada menos. Hamlet se caracteriza no por lo que hace, sino por lo que deja de hacer y su figura se desvanece otro día cualquiera, un 30 de octubre de 1936, en las vísperas del asalto a Madrid, entre el ruido de bombas, de sirenas y el silencio de un diario que queda interrumpido. Un editor apócrifo nos asegura que fue herido durante el bombardeo, pero que no murió, y apenas dice nada más que un Por ahí anda…
Por ahí anduvo también su autor, éste sí, comprometido republicano, que acabó en el exilio mexicano en el que murió antes de poder regresar. Su amigo Max Aub había lamentado que Masip, dedicado a trabajar para el cine, hubiera desistido de escribir novelas. Pero motivos no le faltaron, pues la obra, publicada en México en 1944, no vio la luz en España hasta 1987, muerto ya el autor. Y nunca obtuvo el reconocimiento merecido.
Conseguir hoy en día un ejemplar no resulta nada fácil, pero su relectura bien merecía el esfuerzo de algún que otro paseo veraniego. De mi lectura inicial recordaba un pasaje con especial emoción, el que Hamlet dedica al nacimiento de su primer hijo.
“Yo he parido. A mi primer hijo lo he parido yo. Mi mujer se enfada cuando lo digo, pero es verdad. (…) Para abrirle paso se desgajaron las entrañas de la madre, pero las mías me dolieron tanto que me duelen aún. (…) Yo sentí, claramente, que mi espalda se curvaba hacia el suelo, que mis manos se posaban en él convertidas las manos en pezuñas, que mis lomos se alargaban y todo mi cuerpo se cubría de cerdas. Me vi convertido en una pobre bestia lacerada, pegado a mi hembra y los dos esperábamos, aterrados, sumidos en inquietud pavorosa, el fenómeno sin nombre.”
La imagen descrita me pareció impresionante, y, a pesar de que la crítica insistiera en que la mirada de Hamlet era la de un observador desapegado, los ojos que describen la alcoba de la parturienta son, todavía hoy para mí, unos ojos vibrantes, llenos de emoción.
Reivindico la mirada de los hombres huecos, deshabitados, de los don nadies y animo a todos a leer sus historias.
Annabel Lee
Febrero 12, 2009
En el camino de la creación artística, el creador puede escoger traducir a su propio lenguaje la obra de otro autor. Sin duda, el cine ha encontrado en la literatura una musa inspiradora y la música, en la poesía. Pero para que una adaptación deje de considerarse una mera traducción, que evidentemente acabará por ser mediocre, y se convierta en una nueva obra, que capte la esencia del original, pero lo haga sobre nuevos cimientos, el autor que la adapte ha de ser competente. Si no lo es, la comparación, además de odiosa, será inevitable.
Un sencillo ejemplo para ilustrar esto es la adaptación musical que Radio Futura grabó inspirándose en el poema Annabel Lee de Edgar Allan Poe.
Se cumple este año el bicentenario del nacimiento de este maestro del relato corto de terror al que también recordamos como poeta romántico. Un romanticismo que poco o nada tiene que ver con la exaltación sentimentaloide que nos venden estos días y que encuentra en Annabel Lee su máxima expresión.
Mucho se ha escrito acerca de esta pequeña joya de la literatura universal y se ha insistido en la idea de que el poeta refleja en ella un detalle autobiográfico, una vivencia real provocada por la muerte de su joven esposa, Virginia Eliza Clemm.
Auserón y su banda recrean el espíritu del poema, escuchar la canción es trasladarse al paisaje, fuera o no cierto, que describe Poe. El del enamorado que duerme sobre la tumba de su amada, noche tras noche.
La estética del vídeo es otro cantar. No en vano han pasado más de veinte años.
Annabel Lee
It was many and many a year ago,
In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of Annabel Lee;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.
I was a child and she was a child,
In this kingdom by the sea:
But we loved with a love that was more than love —
I and my Annabel Lee;
With a love that the winged seraphs of heaven
Coveted her and me.
And this was the reason that, long ago,
In this kingdom by the sea,
A wind blew out of a cloud, chilling
My beautiful Annabel Lee;
So that her highborn kinsmen came
And bore her away from me,
To shut her up in a sepulchre
In this kingdom by the sea.
The angels, not half so happy in heaven,
Went envying her and me —
Yes! — that was the reason (as all men know,
In this kingdom by the sea)
That the wind came out of the cloud by night,
Chilling and killing my Annabel Lee.
But our love it was stronger by far than the love
Of those who were older than we —
Of many far wiser than we —
And neither the angels in heaven above,
Nor the demons down under the sea,
Can ever dissever my soul from the soul
Of the beautiful Annabel Lee:
For the moon never beams, without bringing me dreams
Of the beautiful Annabel Lee;
And the stars never rise, but I feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee;
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my darling — my darling — my life and my bride,
In her sepulchre there by the sea,
In her tomb by the sounding sea.
Annabel Lee (español)
Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
vivía una doncella
cuyo nombre era Annabel Lee;
y vivía esta doncella sin otro pensamiento
que amarme y ser amada por mí.
Yo era un niño, una niña ella,
en ese reino junto al mar,
pero nos queríamos con un amor que era más que amor,
yo y mi Annabel Lee,
con un amor que los serafines del cielo
nos envidiaban a ella y a mí.
Tal fue esa la razón de que hace muchos años,
en ese reino junto al mar,
soplara de pronto un viento, helando
a mi hermosa Annabel Lee.
Sus deudos de alto linaje vinieron
y se la llevaron apartándola de mí,
para encerrarla en una tumba
en ese reino junto al mar.
Los ángeles, que no eran ni con mucho tan felices en el Cielo,
nos venían envidiando a ella y a mí…
Sí: tal fue la razón (como todos saben
en ese reino junto al mar)
de que soplara un viento nocturno
congelando y matando a mi Annabel Lee.
Pero nuestro amor era mucho más fuerte
que el amor de nuestros mayores,
de muchos que eran más sabios que nosotros,
y ni los ángeles arriba en el Cielo,
ni los demonios abajo en lo hondo del mar,
pudieron jamás separar mi alma
del alma de la hermosa Annabel Lee.
Pues la luna jamás brilla sin traerme sueños
de la bella Annabel Lee;
ni las estrellas se levantan sin que yo sienta los ojos luminosos
de la bella Annabel Lee.
Así, durante toda la marea de la noche, yazgo al lado
de mi adorada -mi querida- mi vida y mi prometida,
en su tumba junto al mar,
en su tumba que se eleva a las orillas del mar.
En una noche sin luna
Octubre 16, 2008
A Francisco Pérez Abad
“A la orilla del agua
sin que nadie la viera
se murió mi esperanza”
Federico García Lorca escribió estos versos para que fueran pronunciados por un personaje heroico, Mariana Pineda, símbolo de la lucha por las libertades. El historiador Ian Gibson nos dice que el poeta había escrito, sin saberlo, su propio epitafio.
Pero su epitafio podía ser también el de todos los desaparecidos en sus mismas circunstancias. El de mi bisabuelo, por ejemplo, del que se pierde su rastro en 1945, siendo mi padre todavía un niño.
Lorca es un eslabón más de una larga cadena. Un símbolo.
Gibson recrea, de manera emocionante, los últimos momentos de su vida, en agosto de 1936. Nos cuenta cómo el poeta, quizá sin saberlo, había despertado odios eternos. Cómo fueron a buscarlo a la casa del padre de los falangistas hermanos Rosales, cómo lo detuvieron y seguramente torturaron. Nos habla también del miedo que debió sentir en esos momentos en los que quizá se acordó de los versos de su heroína… y con qué crueldad lo asesinaron y abandonaron su cuerpo inerte en una noche sin luna, en el camino que va de Víznar a Alfacar en Granada. Sabemos que lo acompañaron en su calvario el maestro Dióscoro Galindo González y los toreros Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas, que corrieron igual suerte.
Muchos de los descendientes de los desaparecidos alzamos hoy la voz reclamando justicia, la recuperación de los nuestros, de su memoria. Superando un miedo ancestral. Para que las heridas abiertas, y cerradas en falso, curen definitivamente.
Los herederos del poeta, que se habían negado durante mucho tiempo a que el lugar en el que se encuentra Lorca fuera removido, por un deseo de privacidad, expresaron hace poco su intención de no impedir en nada el proceso de exhumación, respetando los deseos de las otras familias.
Hoy, el juez Garzón se ha declarado competente para investigar las desapariciones de la guerra civil y el franquismo, alegando que son “crímenes contra la humanidad”, que en ningún caso han prescrito y que el suplicio de las familias es permanente, llega hasta hoy. Ha ordenado la exhumación de diecinueve fosas, entre ellas, la de Federico García Lorca.
La fiscalía ha recurrido. Lo que hará que el proceso se alargue y quizá quede en nada.
Pero más allá de juicios mediáticos, si finalmente el auto del juez no encuentra obstáculos, a partir de ese momento histórico, Federico García Lorca, siempre tan cerca de los que sufren, se puede y se debe convertir, en palabras de Gibson, en el máximo símbolo de la reconciliación definitiva de los españoles.
Este sería nuestro deseo.
Los versos que reproducimos a continuación, cobran un profundo sentido, en memoria de Lorca, nuestro poeta universal, y de todos los desaparecidos, amordazados hasta ahora por el olvido.
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.”
Joan Manuel Serrat puso voz y música a esta hermosa elegía que Miguel Hernández compuso tras la muerte de su gran amigo Ramón Sijé.
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta.
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
del almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Esperando a Godot
Agosto 1, 2008
Los aeropuertos se llenan estos días de gente que va y viene y, entre tanto, de gente que espera… Espera para disfrutar al fin de las ansiadas vacaciones en algún lugar exótico o para volver a casa habiéndolas disfrutado ya. Hay gente que espera la llegada o la vuelta de algún conocido, para reclamar la devolución del importe del billete de un vuelo fallido, o para obtener información sobre una maleta perdida… En fin, espera.
Los viajeros van preparados con todo lo necesario para soportar mejor la larga espera. Los best sellers hacen entonces su agosto, aunque hoy esto sea redundante. Estos libros se apilan en los expositores y parece resultar difícil resistirse a títulos tan sugerentes. Confieso que no he leído ninguno, no pretendo ser elitista, es la pura realidad, pero conozco de referencia alguno con bastante detalle. En concreto, el famoso Código Da Vinci que hizo removerse algo en la iglesia católica hace algún tiempo. Dan Brown supo aprovecharse de la confusión entre literatura e historia.
Esperando, encuentro en la web una página curiosa. Aquí os dejo el enlace. Te ofrecen, gratuitamente, el título y el argumento de lo que, sin duda, podría llegar a ser un auténtico best seller de Dan Brown y si todavía te muestras reticente, actualizando la página te sugieren otro título y su argumento y otro y otro… Parece de cobardes no intentarlo, buscar editor y probar suerte.
Yo soy cobarde. Prefiero escribir estas líneas después de leer a alguien más cercano, Juan José Millás. En su página oficial podéis encontrar algunos de sus ”articuentos”. Recuerdo que hace tiempo leí uno genial, Clandestinos. La pasión por la lectura es el tema, el humor de Millás, inconfundible. En él hay una magnífica referencia a Beckett. Beckett y, en concreto su obra Esperando a Godot, era una de mis lecturas pendientes desde hacía tiempo.
El teatro es fundamentalmente un espectáculo que adquiere su máxima dimensión sobre las tablas del escenario. El texto teatral reproduce, en algunos casos, sólo la banda sonora de ese espectáculo. Por ello, en los inicios ni siquiera se recogía el texto para editarlo. Se hizo con posterioridad y los autores se dedicaban a embellecer esa parte descuidando las demás, aunque existen hoy en día ediciones especiales en las que se recoge todo. La lectura de teatro me ha causado siempre admiración. El lector de teatro se convierte, por unas horas, en director de la obra, de su propia representación. Y ser lector antes que espectador tiene su encanto.
El editor de la obra de Beckett en Tusquets nos cuenta que cuando en 1953 se estrenó en París Esperando a Godot, pocos sabían quién era Samuel Beckett, salvo, quizá, los que ya lo conocían como ex secretario de otro irlandés no menos genial: James Joyce. Por aquellas fechas, Beckett tenía escrita ya gran parte de su obra literaria; sin embargo, para muchos pasó a ser “el autor de Esperando a Godot”. Se dice que, desde aquella primera puesta en escena –que causó estupefacción y obtuvo tanto éxito- hasta nuestros días, no ha habido año en que, en algún lugar del planeta, no se haya representado la obra. El propio Beckett comentó en cierta ocasión, poco después de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1969, que Esperando a Godot era una obra “horriblemente cómica”. Sí, todo lo horriblemente cómica que pueda resultar la situación de dos seres cuya grotesca vida se funda en la vana espera de ese ser al que llaman Godot.
Es una buena lectura, sin duda, para la espera y mi vuelo sale con retraso…
¡Un libro!
Julio 27, 2008
Carles Rull recoge en su página sobre literatura juvenil el texto Estrategias del deseo o trucos para leer del maestro Emili Teixidor, un reconocido escritor de libros infantiles. Sus sabios consejos ayudan al profesor, iniciado o no, en la tarea de despertar el deseo de leer de sus alumnos.
El inicio de la adolescencia es, quizá, el mejor momento. Conscientes de ello, las editoriales se afanan por ofrecer títulos adecuados a los tiempos que corren. El debate está servido. En los departamentos de lengua coexisten desde hace ya tiempo con los clásicos, en muchos casos también adaptados.
Pero la LOE, al destacar el fomento de la lectura como tema transversal, extiende esta tarea al resto de departamentos.
Sin embargo, los compañeros no lo tienen nada fácil. Unos alumnos de 3º de ESO me comentaban, este curso pasado, que estaban indignados porque su profesora de ciencias sociales les había pedido que leyeran un libro. ¡Un libro! Que lo de los libros era cosa mía (y de nadie más, cuidado). Al igual que yo no podía perderme en disquisiciones filosóficas, supongo. Esto debería hacernos reflexionar acerca del valor de la lectura y de si los profes de lengua nos hemos apropiado de él, sin ser conscientes.
Lo cierto es que hay mucho trabajo por hacer. En mi caso, muchas lecturas pendientes. A falta de una historia crítica de la literatura juvenil, mi experiencia se nutre de mis propias lecturas, los descubrimientos que me han hecho otros compañeros y los generosos apuntes de profes blogueros. Poco a poco, espero ir creando mi propia biblioteca. En ella, no faltarán títulos ya clásicos como El guardián entre el centeno o La perla. Dedicaré algunas líneas en el futuro a estas lecturas que podríamos denominar profesionales pero sin olvidar las personales haciendo mío ya el primer truco de Teixidor: Primero lee tú y los demás imitarán el placer que tú expandas. Predica con el ejemplo.
Puro teatro
Julio 15, 2008
“Sensato es el hombre que huye de la guerra
Mas si llega la guerra, no es corona de infamia para
una ciudad
morir honrosamente. La deshonra es morir
cobardemente.”
Estas palabras, pronunciadas por Casandra en el Prólogo de Las Troyanas, obra de teatro de Eurípides (ca. 484-406 a.C.), se escucharon la noche del domingo con fuerza en el Teatro Romano de Mérida, en el marco de su Festival anual, bajo la dirección de Mario Gas. Poder disfrutar de la representación en ese entorno fue, sin duda, todo un privilegio.
Revisemos primero un poco la historia de la ciudad.
Mérida fue fundada en el 25 a.C. con el nombre de Emerita Augusta por Octavio Augusto para los soldados eméritos, jubilados con honor, del ejército romano. Capital de la provincia romana de Lusitania, de su época de esplendor se conserva el teatro, el anfiteatro, el circo, los templos, los puentes y acueductos… El Conjunto Arqueológico Emeritense fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. La visita es, por tanto, obligada.
Pero, a la curiosidad por ver de cerca los hallazgos arqueológicos, hay que añadir el hecho de que en el Teatro Romano se representen obras clásicas hoy en día. Ver teatro en Mérida nos traslada a otro tiempo y resulta ser una experiencia inolvidable.
Unos apuntes sobre el edificio del Teatro.
Concebido dentro del plan urbanístico de la ciudad, se ubica en uno de los extremos del recinto amurallado.
El graderío o cávea, con una capacidad para seis mil espectadores, se construyó, en parte, aprovechando la ladera del cerro de San Albín. Se accede a esta zona siguiendo la vía que rodea la fachada del edificio. En ella se abren trece puertas que comunican con el interior.
El graderío se halla dividido en tres sectores, separados por unos pequeños muros, que responden a la diferenciación social de la época. El inferior, ima cávea, dispone de veintidós gradas y seis puertas en su parte superior que se comunican con un corredor semicircular que facilita la salida por dos puertas situadas en los extremos.
Un pequeño espacio que corta el centro de las tres gradas inferiores, se ha interpretado como un santuario de culto imperial.
La media y summa cávea, media y superior, poseen cada una cinco filas de asientos, siendo las últimas las que se conservan en peor estado.
La orchestra, en la que se situaba el coro, pavimentada con losas de mármol, está rodeada de tres gradas de honor reservadas para las autoridades. En su frente, un pequeño muro con alternancia de tramos curvos y rectos la separa del escenario.
La noche de la representación.
La representación comenzaba a las once de la noche del domingo 13 de julio. El teatro abría sus puertas a las diez y esperaba al visitante engalanado y tenuemente iluminado, lo que contribuía a crear un ambiente muy especial. A mi asiento, el 19 de la fila 10 de la cávea ima, accedí por la última puerta, a través del corredor semicircular del que os hablaba antes. Poco a poco el recinto fue llenándose de gente pero no se completó el aforo.
Resultó curioso estar allí, sobre un asiento de piedra, y escuchar por megafonía eso de que la función iba a comenzar… “apaguen sus teléfonos móviles…”
El autor y la obra.
Considerado generalmente el más moderno de los tres grandes dramaturgos clásicos griegos, los otros dos son Esquilo y Sófocles, Eurípides se distinguió por plantear en sus obras los conflictos morales más permanentes de la condición humana. La experiencia de la guerra del Peloponeso, de la que fue testigo en el postrer tramo de su existencia, le movió, como bien testimonia Las Troyanas, a tomar una posición antibelicista que, desgraciadamente, al cabo de los siglos, no ha perdido vigencia. La obra versa sobre el desastre que suponen las guerras, cualquier guerra, así como sus detestables secuelas.
El tiempo pasa y todo lo cambia, los conflictos, sin embargo, permanecen. La condición humana parece no haber aprendido de sus errores del pasado y se deja llevar todavía hoy por sus ansias de poder y de violencia. La guerra es un remedio para saciarlas.
En toda guerra hay vencedores y vencidos y una ley tácita por la que los primeros no se conforman con la victoria sino que aspiran a la humillación y al exterminio del enemigo. Así sucede en Las Troyanas y, por eso, las palabras de Casandra con las que comenzaba son cruciales en la obra. Casandra representa la locura. Sin embargo, sus palabras son muy cuerdas. Cuenta el mito, que Apolo pretendió enamorarla otorgándole el don de la profecía. Pero ella rechazó su amor y Apolo se vengó haciendo que nadie creyera sus reveladoras predicciones. Por eso nadie la creyó cuando anunció el gran peligro que ocultaba en sus entrañas el caballo de madera que los griegos regalaron a la ciudad de Troya como señal de buena voluntad para poner fin,supuestamente, a una guerra que duraba ya diez años. El ejército griego, escondido en su interior, esperó a la noche para sorprender a sus enemigos y destruirlos, destruyendo con ellos su ciudad y toda posible esperanza.
La obra de Eurípides comienza el día después del fin de esa guerra. Ese día, las mujeres troyanas esperan solas el resultado del sorteo que les asignará un dueño griego con el que deberán partir hacia su nueva vida como esclavas. Esperan solas porque sus maridos e hijos han muerto en la batalla y no hay ya nadie que pueda defenderlas. Entre ellas se encuentra Hécuba, la reina de Troya, Casandra, su hija, Andrómaca, su nuera y la espartana Helena, odiada por todas, por ser la causante de la guerra al haberse fugado con el troyano Paris, hijo de Hécuba. Las desgracias se suceden ante los ojos de una reina destronada.
Es la guerra vista por Eurípides con ojos de mujer, la eterna perdedora en todas las guerras. Y como no podía ser de otro modo, las mujeres, las actrices, brillaron con luz propia sobre el escenario, dando vida a un texto duro, amargo, beligerante, piadoso y profundo que no puede dejar indiferente a nadie. Ver escena.
La canción Imagine de John Lennon es un himno en contra de todas las guerras que no ha perdido su capacidad de emocionarnos pese al paso de los años. Aquí tenéis la letra original y su traducción.
|
ARTISTA: JOHN LENNON |
ALBUM: |
|
|
TEMA ORIGINAL: IMAGINE |
TRADUCCIÓN: IMAGINA |
|
|
IMAGINE THERE’S NO HEAVEN |
IMAGINA QUE NO EXISTE EL CIELO, |
De vacaciones
Julio 11, 2008
Sucede algunas veces que después de un gran esfuerzo, la realización de los exámenes, por ejemplo, o de haber experimentado la alegría o el disgusto por las notas, llegan de repente las vacaciones y nos sitúan ante un abismo de minutos, horas, días que hay que ocupar en algo. Parecido es ese abismo al que observan los escritores ante la hoja en blanco.
Por un momento nos sentimos libres, nos convertimos en escritores, o al menos lo intentamos, de nuestras propias vidas. Tenemos a nuestro alcance muchas hojas en blanco y para escribirlas, aparentemente ningún guion.
Sé que alguno de vosotros debe estudiar en verano para las recuperaciones de septiembre y entenderá que, en su caso, esto no es del todo así. Otros tendrán ya planificadas sus vacaciones con la familia o amigos. De cualquier modo, todos tenemos algún tiempo precioso por delante para disfrutarlo.
Os propongo comenzar el verano leyendo este breve relato de Almudena Grandes que trata de lo difícil que es para algunas personas romper con la rutina cuando llegan las vacaciones pues esa rutina constituye un refugio para sus vidas. Disfrutadlo.






