Annabel Lee

Febrero 12, 2009

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    En el camino de la creación artística, el creador puede escoger traducir a su propio lenguaje la obra de otro autor. Sin duda, el cine ha encontrado en la literatura una musa inspiradora y la música, en la poesía. Pero para que una adaptación deje de considerarse una mera traducción, que evidentemente acabará por ser mediocre, y se convierta en una nueva obra, que capte la esencia del original, pero lo haga sobre nuevos cimientos, el autor que la adapte ha de ser competente. Si no lo es, la comparación, además de odiosa, será inevitable.

    Un sencillo ejemplo para ilustrar esto es la adaptación musical que Radio Futura grabó inspirándose en el poema Annabel Lee  de Edgar Allan Poe.

    Se cumple este año el bicentenario del nacimiento de este maestro del relato corto de terror al que también recordamos como poeta romántico. Un romanticismo que poco o nada tiene que ver con la exaltación sentimentaloide que nos venden estos días y que encuentra en Annabel Lee su máxima expresión.

    Mucho se ha escrito acerca de esta pequeña joya de la literatura universal y se ha insistido en la idea de que el poeta refleja en ella un detalle autobiográfico, una vivencia real provocada por la muerte de su joven esposa, Virginia Eliza Clemm

    Auserón y su banda recrean el espíritu del poema, escuchar la canción es trasladarse al paisaje, fuera o no cierto, que describe Poe. El del enamorado que duerme sobre la tumba de su amada, noche tras noche.

    La estética del vídeo es otro cantar. No en vano han pasado más de veinte años.

      

Recitado del poema 

Annabel Lee

It was many and many a year ago,
In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of Annabel Lee;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.

I was a child and she was a child,
In this kingdom by the sea:
But we loved with a love that was more than love —
I and my Annabel Lee;
With a love that the winged seraphs of heaven
Coveted her and me.

And this was the reason that, long ago,
In this kingdom by the sea,
A wind blew out of a cloud, chilling
My beautiful Annabel Lee;
So that her highborn kinsmen came
And bore her away from me,
To shut her up in a sepulchre
In this kingdom by the sea.

The angels, not half so happy in heaven,
Went envying her and me —
Yes! — that was the reason (as all men know,
In this kingdom by the sea)
That the wind came out of the cloud by night,
Chilling and killing my Annabel Lee.

But our love it was stronger by far than the love
Of those who were older than we —
Of many far wiser than we —
And neither the angels in heaven above,
Nor the demons down under the sea,
Can ever dissever my soul from the soul
Of the beautiful Annabel Lee:

For the moon never beams, without bringing me dreams
Of the beautiful Annabel Lee;
And the stars never rise, but I feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee;
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my darling — my darling — my life and my bride,
In her sepulchre there by the sea,
In her tomb by the sounding sea.

 

Annabel Lee (español)

Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
vivía una doncella
cuyo nombre era Annabel Lee;
y vivía esta doncella sin otro pensamiento
que amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño, una niña ella,
en ese reino junto al mar,
pero nos queríamos con un amor que era más que amor,
yo y mi Annabel Lee,
con un amor que los serafines del cielo
nos envidiaban a ella y a mí.

Tal fue esa la razón de que hace muchos años,
en ese reino junto al mar,
soplara de pronto un viento, helando
a mi hermosa Annabel Lee.
Sus deudos de alto linaje vinieron
y se la llevaron apartándola de mí,
para encerrarla en una tumba
en ese reino junto al mar.

Los ángeles, que no eran ni con mucho tan felices en el Cielo,
nos venían envidiando a ella y a mí…
Sí: tal fue la razón (como todos saben
en ese reino junto al mar)
de que soplara un viento nocturno
congelando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era mucho más fuerte
que el amor de nuestros mayores,
de muchos que eran más sabios que nosotros,
y ni los ángeles arriba en el Cielo,
ni los demonios abajo en lo hondo del mar,
pudieron jamás separar mi alma
del alma de la hermosa Annabel Lee.

Pues la luna jamás brilla sin traerme sueños
de la bella Annabel Lee;
ni las estrellas se levantan sin que yo sienta los ojos luminosos
de la bella Annabel Lee.
Así, durante toda la marea de la noche, yazgo al lado
de mi adorada -mi querida- mi vida y mi prometida,
en su tumba junto al mar,
en su tumba que se eleva a las orillas del mar.

 

   

One Response to “Annabel Lee”


  1. [...] más tarde de tuberculosis. La pérdida de su amada inspira el conocido poema Annabel Lee, que magistralmente adaptó Radio Futura en esta [...]


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