El reparto

Septiembre 14, 2008

 

 

 

 

 

 

 

    En la primera parte de Esperando a Godot, mientras Lucky llora desconsolado, Estrabón se le acerca para secar sus lágrimas con un pañuelo. Lucky le pega entonces un violento puntapié y, en ese momento, es Estragón el que comienza a llorar. Pozzo interviene diciendo:  

POZZO: Ya no llora. (A Estragón): En cierto modo usted le ha sustituido. (Pensativo.) Las lágrimas del mundo son inmutables. Cuando alguien empieza a llorar, alguien deja de hacerlo en otra parte. Lo mismo sucede con la risa. (Ríe.)

     No hace falta explicar el guiño final del cruel Pozzo.

    Bueno, pues algo parecido, si lo exageramos un poco, es lo que sucede el día del reparto de grupos en los centros. Las ruedas democráticas, oxidadas después de un año de inactividad, empiezan a girar y, con ellas, los sentimientos van y vienen, de la alegría al desconsuelo, nunca extremos, se entiende. Y sin pasar por la crueldad, también se entiende.   

    No querría que esto se interpretara como una queja personal. Pienso en otros compañeros, los que han llegado al centro cuando las ruedas ya han enmudecido. La democracia tiene estas cosas.

    Comienza el curso y con él se abre ante nosotros un horizonte nuevo, lleno de posibilidades. Forges dibuja éste para sus personajes. Sin duda, el que comenzó el negocio debió ser un idealista, como el de la viñeta. Sea cual sea el horizonte que nos espera, feliz comienzo a todos.

 

 

 

   

   

   

La despedida

Septiembre 7, 2008

   

 

 

 

 

 

 

    Alguno de los largos veranos de la infancia discurrieron, para afortunados como yo, lejos de la gran ciudad, en el pueblo del que nuestros padres habían salido años antes en busca del tan manido futuro mejor. Tener pueblo para pasar allí todo el verano era un pequeño lujo del que otros niños no podían disfrutar y, si el pueblo era costero, los padres de ese niño cosechaban nuestra más profunda admiración.

    Mi pueblo era del interior. Pero a mí me daba igual. El tiempo allí se detenía, podías escucharlo en el silencio de la siesta, cuando se presumía que un sol abrasador lo destilaba perezoso gota a gota desde el reloj de la plaza. Recuerdo el olor a magdalenas del negocio familiar que lo impregnaba todo y que con el descubrimiento de Proust cobró un sentido literario ignorado hasta entonces. 

    En fin, quizá la infancia es la que convierte estos sitios en los mejores lugares del mundo, a los que uno siempre quisiera volver para encontrar refugio aunque de mayor ya no se pueda. Y quizá, la intuición infantil, precisamente por eso, hacía de la despedida de estos lugares la mayor de las tragedias.

    Con el paso del tiempo, uno se acostumbra a las despedidas.

    En estos días, en los que acaba un curso y comienza otro y para muchos hay cambio de centro, la red de relaciones tejida durante el año parece desenredarse para comenzar a enredarse de nuevo en otra parte. Arte admirable de Penélope que todos imitamos con mayor o menor fortuna. 

    Sin duda, Campo Real ha sido punto de partida de mi particular viaje iniciático. En su estación, he bajado del tren, me he paseado por el andén y he conversado animadamente con los viajeros que he encontrado allí. He compartido algo de mí. Mucho más de lo que era mi costumbre. Y no me arrepiento. He aprendido mucho, más allá de lo meramente académico. Y todo eso me lo llevo. Curiosamente, mi equipaje es ahora mucho más liviano que antes.

    Como cuando éramos pequeños y mirábamos a través de las ventanas del tren, los lugares y personas que antes transitábamos a diario quedan atrás. Muchos acabarán borrándose por completo de nuestra memoria, algo nos acompañará para siempre. Sea como sea, hay que despedirse. Quién sabe si volveremos a encontrarnos… Mientras tanto, podéis “vigilarme” desde esta pequeña atalaya. Pero nunca tan de cerca como canta Sting en The Police en esta ya mítica canción.

Every breath you take

Every breath you take/ Every move you make/ Every bond you break/ Every step you take/ I’ll be watching you

Every single day/ Every word you say/ Every game you play/ Every night you stay/ I’ll be watching you

Oh, can’t you see/ You belong to me?/ How my poor heart aches/ With every step you take

Every move you make/ Every vow you break/ Every smile you fake/ Every claim you stake/ I’ll be watching you

Since you’ve gone I’ve been lost without a trace/ I dream at night, I can only see your face/

I look around but it’s you I can’t replace/ I feel so cold and I long for your embrace/

I keep crying baby, baby please

Oh, can’t you see/ You belong to me?/ How my poor heart aches/ With every step you take

Every move you make/ Every vow you break/ Every smile you fake/ Every claim you stake/ I’ll be watching you

Every move you make/ Every step you take/ I’ll be watching you/ I’ll be watching you

Every breath you take/ Every move you make/ Every vow you break/I’ll be watching you…

 

Cada vez que respires

 Cada vez que respires/ Cada movimiento que hagas/ Cada lazo que rompas/ Cada paso que des/ Estaré vigilándote

Cada uno de los días/ Cada palabra que digas/ Cada partida que juegues/ Cada noche que te quedes/ Estaré vigilándote

¡Oh! ¿acaso no ves/ Que me perteneces?/ Cómo me duele mi pobre corazón/ Con cada paso que das

Cada movimiento que hagas/ Cada voto que rompas/ Cada sonrisa que finjas/ Cada demanda que presentes/ Estaré vigilándote

Desde que te fuiste, me he perdido sin dejar rastro/ Sueño de noche, pero solo veo tu rostro/

Miro a mi alrededor, pero es a ti a quien no puedo sustituir/ Tengo frío y anhelo tu abrazo/

Lloro sin cesar, nena, nena, por favor

¡Oh! ¿acaso no ves/ Que me perteneces?/ Cómo me duele mi pobre corazón/ Con cada paso que das

Cada movimiento que hagas/ Cada paso que des/ Estaré vigilándote/ Estaré vigilándote

Cada vez que respires/ Cada movimiento que hagas/ Cada voto que rompas/ Estaré vigilándote