Esperando a Godot
Agosto 1, 2008
Los aeropuertos se llenan estos días de gente que va y viene y, entre tanto, de gente que espera… Espera para disfrutar al fin de las ansiadas vacaciones en algún lugar exótico o para volver a casa habiéndolas disfrutado ya. Hay gente que espera la llegada o la vuelta de algún conocido, para reclamar la devolución del importe del billete de un vuelo fallido, o para obtener información sobre una maleta perdida… En fin, espera.
Los viajeros van preparados con todo lo necesario para soportar mejor la larga espera. Los best sellers hacen entonces su agosto, aunque hoy esto sea redundante. Estos libros se apilan en los expositores y parece resultar difícil resistirse a títulos tan sugerentes. Confieso que no he leído ninguno, no pretendo ser elitista, es la pura realidad, pero conozco de referencia alguno con bastante detalle. En concreto, el famoso Código Da Vinci que hizo removerse algo en la iglesia católica hace algún tiempo. Dan Brown supo aprovecharse de la confusión entre literatura e historia.
Esperando, encuentro en la web una página curiosa. Aquí os dejo el enlace. Te ofrecen, gratuitamente, el título y el argumento de lo que, sin duda, podría llegar a ser un auténtico best seller de Dan Brown y si todavía te muestras reticente, actualizando la página te sugieren otro título y su argumento y otro y otro… Parece de cobardes no intentarlo, buscar editor y probar suerte.
Yo soy cobarde. Prefiero escribir estas líneas después de leer a alguien más cercano, Juan José Millás. En su página oficial podéis encontrar algunos de sus ”articuentos”. Recuerdo que hace tiempo leí uno genial, Clandestinos. La pasión por la lectura es el tema, el humor de Millás, inconfundible. En él hay una magnífica referencia a Beckett. Beckett y, en concreto su obra Esperando a Godot, era una de mis lecturas pendientes desde hacía tiempo.
El teatro es fundamentalmente un espectáculo que adquiere su máxima dimensión sobre las tablas del escenario. El texto teatral reproduce, en algunos casos, sólo la banda sonora de ese espectáculo. Por ello, en los inicios ni siquiera se recogía el texto para editarlo. Se hizo con posterioridad y los autores se dedicaban a embellecer esa parte descuidando las demás, aunque existen hoy en día ediciones especiales en las que se recoge todo. La lectura de teatro me ha causado siempre admiración. El lector de teatro se convierte, por unas horas, en director de la obra, de su propia representación. Y ser lector antes que espectador tiene su encanto.
El editor de la obra de Beckett en Tusquets nos cuenta que cuando en 1953 se estrenó en París Esperando a Godot, pocos sabían quién era Samuel Beckett, salvo, quizá, los que ya lo conocían como ex secretario de otro irlandés no menos genial: James Joyce. Por aquellas fechas, Beckett tenía escrita ya gran parte de su obra literaria; sin embargo, para muchos pasó a ser “el autor de Esperando a Godot”. Se dice que, desde aquella primera puesta en escena –que causó estupefacción y obtuvo tanto éxito- hasta nuestros días, no ha habido año en que, en algún lugar del planeta, no se haya representado la obra. El propio Beckett comentó en cierta ocasión, poco después de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1969, que Esperando a Godot era una obra “horriblemente cómica”. Sí, todo lo horriblemente cómica que pueda resultar la situación de dos seres cuya grotesca vida se funda en la vana espera de ese ser al que llaman Godot.
Es una buena lectura, sin duda, para la espera y mi vuelo sale con retraso…
