Annabel Lee

Febrero 12, 2009

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    En el camino de la creación artística, el creador puede escoger traducir a su propio lenguaje la obra de otro autor. Sin duda, el cine ha encontrado en la literatura una musa inspiradora y la música, en la poesía. Pero para que una adaptación deje de considerarse una mera traducción, que evidentemente acabará por ser mediocre, y se convierta en una nueva obra, que capte la esencia del original, pero lo haga sobre nuevos cimientos, el autor que la adapte ha de ser competente. Si no lo es, la comparación, además de odiosa, será inevitable.

    Un sencillo ejemplo para ilustrar esto es la adaptación musical que Radio Futura grabó inspirándose en el poema Annabel Lee  de Edgar Allan Poe.

    Se cumple este año el bicentenario del nacimiento de este maestro del relato corto de terror al que también recordamos como poeta romántico. Un romanticismo que poco o nada tiene que ver con la exaltación sentimentaloide que nos venden estos días y que encuentra en Annabel Lee su máxima expresión.

    Mucho se ha escrito acerca de esta pequeña joya de la literatura universal y se ha insistido en la idea de que el poeta refleja en ella un detalle autobiográfico, una vivencia real provocada por la muerte de su joven esposa, Virginia Eliza Clemm

    Auserón y su banda recrean el espíritu del poema, escuchar la canción es trasladarse al paisaje, fuera o no cierto, que describe Poe. El del enamorado que duerme sobre la tumba de su amada, noche tras noche.

    La estética del vídeo es otro cantar. No en vano han pasado más de veinte años.

      

Recitado del poema 

Annabel Lee

It was many and many a year ago,
In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of Annabel Lee;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.

I was a child and she was a child,
In this kingdom by the sea:
But we loved with a love that was more than love —
I and my Annabel Lee;
With a love that the winged seraphs of heaven
Coveted her and me.

And this was the reason that, long ago,
In this kingdom by the sea,
A wind blew out of a cloud, chilling
My beautiful Annabel Lee;
So that her highborn kinsmen came
And bore her away from me,
To shut her up in a sepulchre
In this kingdom by the sea.

The angels, not half so happy in heaven,
Went envying her and me —
Yes! — that was the reason (as all men know,
In this kingdom by the sea)
That the wind came out of the cloud by night,
Chilling and killing my Annabel Lee.

But our love it was stronger by far than the love
Of those who were older than we —
Of many far wiser than we —
And neither the angels in heaven above,
Nor the demons down under the sea,
Can ever dissever my soul from the soul
Of the beautiful Annabel Lee:

For the moon never beams, without bringing me dreams
Of the beautiful Annabel Lee;
And the stars never rise, but I feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee;
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my darling — my darling — my life and my bride,
In her sepulchre there by the sea,
In her tomb by the sounding sea.

 

Annabel Lee (español)

Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
vivía una doncella
cuyo nombre era Annabel Lee;
y vivía esta doncella sin otro pensamiento
que amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño, una niña ella,
en ese reino junto al mar,
pero nos queríamos con un amor que era más que amor,
yo y mi Annabel Lee,
con un amor que los serafines del cielo
nos envidiaban a ella y a mí.

Tal fue esa la razón de que hace muchos años,
en ese reino junto al mar,
soplara de pronto un viento, helando
a mi hermosa Annabel Lee.
Sus deudos de alto linaje vinieron
y se la llevaron apartándola de mí,
para encerrarla en una tumba
en ese reino junto al mar.

Los ángeles, que no eran ni con mucho tan felices en el Cielo,
nos venían envidiando a ella y a mí…
Sí: tal fue la razón (como todos saben
en ese reino junto al mar)
de que soplara un viento nocturno
congelando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era mucho más fuerte
que el amor de nuestros mayores,
de muchos que eran más sabios que nosotros,
y ni los ángeles arriba en el Cielo,
ni los demonios abajo en lo hondo del mar,
pudieron jamás separar mi alma
del alma de la hermosa Annabel Lee.

Pues la luna jamás brilla sin traerme sueños
de la bella Annabel Lee;
ni las estrellas se levantan sin que yo sienta los ojos luminosos
de la bella Annabel Lee.
Así, durante toda la marea de la noche, yazgo al lado
de mi adorada -mi querida- mi vida y mi prometida,
en su tumba junto al mar,
en su tumba que se eleva a las orillas del mar.

 

   

El origen del lenguaje

Enero 28, 2009

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    Hasta ahora, no habíamos salido del debate en torno a la naturaleza innata, genética, cognitiva o cultural del lenguaje. Nombres como el de Saussure, Chomsky, Piaget o Vigotsky nos resultan familiares.

    Desde el ámbito científico, nos dicen, que para hablar hace falta un gen. Pero este hecho importante, parece no ser esencial. Al menos, esto es lo que sugiere un antropólogo llamado Chris Knight, al que Eduard Punset entrevistó, para el programa Redes, la primavera del año pasado. Sólo cuando nuestros antepasados desarrollaron un espíritu de cooperación con los demás, un compromiso de respeto mutuo -lo que se llama un contrato social- hemos podido, según Knight, desarrollar el lenguaje. Y para la firma de este contrato fue fundamental un contrato sexual. Un instinto, el sexual, poderoso y, en cierto modo, incontrolable.

    Todos los animales juegan. En humanos y chimpancés los objetivos en la infancia son similares, incluso las formas. Pero, llegada la madurez sexual, todo cambia y, sobre todo, los límites. Porque, cuando el sexo está en juego, un animal no puede permitirse perder. El control del sexo,  dice Knight, nos permitió desarrollar el lenguaje y la cultura simbólica que nos caracteriza. Y ese control lo llevó a cabo la mujer. 

     Entonces, brotaron las palabras.

    Cuando dos enamorados se dicen “te quiero” uno al otro, dan por sobrentendido que comparten idéntico deseo y también vínculos que obligan frente a los demás. El uso de las palabras “te quiero”, presupone la existencia de una sociedad –la de nuestros antepasados, posiblemente más que las de ahora- en la que hay protocolos, ritos, sentido del tacto, vínculos mutuos derivados del afecto y la relación sexual, ganas de salvar las apariencias, respeto recíproco. En cierto modo, impera la ley basada en un contrato colectivo de confianza mutua y no en el poder de unos pocos sobre los demás.

    Hablamos porque, en un momento dado de nuestra evolución, se consolida una verdadera revolución social y el lenguaje es indispensable para sellar ese tipo de compromisos en esa sociedad.

    No obstante, en la vida moderna se utiliza, a menudo, el lenguaje sin miramientos por el caudal social que le vio nacer. Suele ser un lenguaje grosero, lleno de improperios para no colaborar, sin referencia al tacto, al respeto del protocolo, a los vínculos contraídos, a la confianza mutua. Se diría que en las sociedades modernas, la sugerencia del antropólogo Chris Knight no tiene sentido.

    Se puede perder el tacto, la delicadeza, el ánimo de salvar las apariencias, el respeto mutuo, el imperio de la ley basada en el consentimiento colectivo, sin perder la capacidad de hablar.

    Pero, ¿le queda entonces algo al lenguaje de sus orígenes nobles y rituales?

    Podéis acceder al texto escrito de la entrevista completa aquí.

    O ver el vídeo.

 

En una noche sin luna

Octubre 16, 2008

 

 

 

 

 

 

 

 A Francisco Pérez Abad

“A la orilla del agua

sin que nadie la viera

se murió mi esperanza”

    Federico García Lorca escribió estos versos para que fueran pronunciados por un personaje heroico, Mariana Pineda, símbolo de la lucha por las libertades. El historiador Ian Gibson nos dice que el poeta había escrito, sin saberlo, su propio epitafio.

    Pero su epitafio podía ser también el de todos los desaparecidos en sus mismas circunstancias. El de mi bisabuelo, por ejemplo, del que se pierde su rastro en 1945, siendo mi padre todavía un niño.

    Lorca es un eslabón más de una larga cadena. Un símbolo.

    Gibson recrea, de manera emocionante, los últimos momentos de su vida, en agosto de 1936. Nos cuenta cómo el poeta, quizá sin saberlo, había despertado odios eternos. Cómo fueron a buscarlo a la casa del padre de los falangistas hermanos Rosales, cómo lo detuvieron y seguramente torturaron. Nos habla también del miedo que debió sentir en esos momentos en los que quizá se acordó de los versos de su heroína… y con qué crueldad lo asesinaron y abandonaron su cuerpo inerte en una noche sin luna, en el camino que va de Víznar a Alfacar en Granada. Sabemos que lo acompañaron en su calvario el maestro Dióscoro Galindo González y los toreros Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas, que corrieron igual suerte.  

    Muchos de los descendientes de los desaparecidos alzamos hoy la voz reclamando justicia, la recuperación de los nuestros, de su memoria. Superando un miedo ancestral. Para que las heridas abiertas, y cerradas en falso, curen definitivamente. 

    Los herederos del poeta, que se habían negado durante mucho tiempo a que el lugar en el que se encuentra Lorca fuera removido, por un deseo de privacidad, expresaron hace poco su intención de no impedir en nada el proceso de exhumación, respetando los deseos de las otras familias.   

    Hoy, el juez Garzón se ha declarado competente para investigar las desapariciones de la guerra civil y el franquismo, alegando que son “crímenes contra la humanidad”, que en ningún caso han prescrito y que el suplicio de las familias es permanente, llega hasta hoy. Ha ordenado la exhumación de diecinueve fosas, entre ellas, la de Federico García Lorca. 

    La fiscalía ha recurrido. Lo que hará que el proceso se alargue y quizá quede en nada. 

    Pero más allá de juicios mediáticos, si finalmente el auto del juez no encuentra obstáculos, a partir de ese momento histórico, Federico García Lorca, siempre tan cerca de los que sufren, se puede y se debe convertir, en palabras de Gibson, en el máximo símbolo de la reconciliación definitiva de los españoles.

    Este sería nuestro deseo. 

    Los versos que reproducimos a continuación, cobran un profundo sentido, en memoria de Lorca, nuestro poeta universal, y de todos los desaparecidos, amordazados hasta ahora por el olvido.     

“Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
 
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.”

    Joan Manuel Serrat puso voz y música a esta hermosa elegía que Miguel Hernández compuso tras la muerte de su gran amigo Ramón Sijé.

 

ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ
 
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
 
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
 
 
Alimentando lluvias, caracolas
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
 
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
 
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
 
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
 
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
 
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
 
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
 
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta.
 
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
 
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
 
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
 
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
 
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
 
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
 
A las aladas almas de las rosas…
del almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
 
 

El reparto

Septiembre 14, 2008

 

 

 

 

 

 

 

    En la primera parte de Esperando a Godot, mientras Lucky llora desconsolado, Estrabón se le acerca para secar sus lágrimas con un pañuelo. Lucky le pega entonces un violento puntapié y, en ese momento, es Estragón el que comienza a llorar. Pozzo interviene diciendo:  

POZZO: Ya no llora. (A Estragón): En cierto modo usted le ha sustituido. (Pensativo.) Las lágrimas del mundo son inmutables. Cuando alguien empieza a llorar, alguien deja de hacerlo en otra parte. Lo mismo sucede con la risa. (Ríe.)

     No hace falta explicar el guiño final del cruel Pozzo.

    Bueno, pues algo parecido, si lo exageramos un poco, es lo que sucede el día del reparto de grupos en los centros. Las ruedas democráticas, oxidadas después de un año de inactividad, empiezan a girar y, con ellas, los sentimientos van y vienen, de la alegría al desconsuelo, nunca extremos, se entiende. Y sin pasar por la crueldad, también se entiende.   

    No querría que esto se interpretara como una queja personal. Pienso en otros compañeros, los que han llegado al centro cuando las ruedas ya han enmudecido. La democracia tiene estas cosas.

    Comienza el curso y con él se abre ante nosotros un horizonte nuevo, lleno de posibilidades. Forges dibuja éste para sus personajes. Sin duda, el que comenzó el negocio debió ser un idealista, como el de la viñeta. Sea cual sea el horizonte que nos espera, feliz comienzo a todos.

 

 

 

   

   

   

La despedida

Septiembre 7, 2008

   

 

 

 

 

 

 

    Alguno de los largos veranos de la infancia discurrieron, para afortunados como yo, lejos de la gran ciudad, en el pueblo del que nuestros padres habían salido años antes en busca del tan manido futuro mejor. Tener pueblo para pasar allí todo el verano era un pequeño lujo del que otros niños no podían disfrutar y, si el pueblo era costero, los padres de ese niño cosechaban nuestra más profunda admiración.

    Mi pueblo era del interior. Pero a mí me daba igual. El tiempo allí se detenía, podías escucharlo en el silencio de la siesta, cuando se presumía que un sol abrasador lo destilaba perezoso gota a gota desde el reloj de la plaza. Recuerdo el olor a magdalenas del negocio familiar que lo impregnaba todo y que con el descubrimiento de Proust cobró un sentido literario ignorado hasta entonces. 

    En fin, quizá la infancia es la que convierte estos sitios en los mejores lugares del mundo, a los que uno siempre quisiera volver para encontrar refugio aunque de mayor ya no se pueda. Y quizá, la intuición infantil, precisamente por eso, hacía de la despedida de estos lugares la mayor de las tragedias.

    Con el paso del tiempo, uno se acostumbra a las despedidas.

    En estos días, en los que acaba un curso y comienza otro y para muchos hay cambio de centro, la red de relaciones tejida durante el año parece desenredarse para comenzar a enredarse de nuevo en otra parte. Arte admirable de Penélope que todos imitamos con mayor o menor fortuna. 

    Sin duda, Campo Real ha sido punto de partida de mi particular viaje iniciático. En su estación, he bajado del tren, me he paseado por el andén y he conversado animadamente con los viajeros que he encontrado allí. He compartido algo de mí. Mucho más de lo que era mi costumbre. Y no me arrepiento. He aprendido mucho, más allá de lo meramente académico. Y todo eso me lo llevo. Curiosamente, mi equipaje es ahora mucho más liviano que antes.

    Como cuando éramos pequeños y mirábamos a través de las ventanas del tren, los lugares y personas que antes transitábamos a diario quedan atrás. Muchos acabarán borrándose por completo de nuestra memoria, algo nos acompañará para siempre. Sea como sea, hay que despedirse. Quién sabe si volveremos a encontrarnos… Mientras tanto, podéis “vigilarme” desde esta pequeña atalaya. Pero nunca tan de cerca como canta Sting en The Police en esta ya mítica canción.

Every breath you take

Every breath you take/ Every move you make/ Every bond you break/ Every step you take/ I’ll be watching you

Every single day/ Every word you say/ Every game you play/ Every night you stay/ I’ll be watching you

Oh, can’t you see/ You belong to me?/ How my poor heart aches/ With every step you take

Every move you make/ Every vow you break/ Every smile you fake/ Every claim you stake/ I’ll be watching you

Since you’ve gone I’ve been lost without a trace/ I dream at night, I can only see your face/

I look around but it’s you I can’t replace/ I feel so cold and I long for your embrace/

I keep crying baby, baby please

Oh, can’t you see/ You belong to me?/ How my poor heart aches/ With every step you take

Every move you make/ Every vow you break/ Every smile you fake/ Every claim you stake/ I’ll be watching you

Every move you make/ Every step you take/ I’ll be watching you/ I’ll be watching you

Every breath you take/ Every move you make/ Every vow you break/I’ll be watching you…

 

Cada vez que respires

 Cada vez que respires/ Cada movimiento que hagas/ Cada lazo que rompas/ Cada paso que des/ Estaré vigilándote

Cada uno de los días/ Cada palabra que digas/ Cada partida que juegues/ Cada noche que te quedes/ Estaré vigilándote

¡Oh! ¿acaso no ves/ Que me perteneces?/ Cómo me duele mi pobre corazón/ Con cada paso que das

Cada movimiento que hagas/ Cada voto que rompas/ Cada sonrisa que finjas/ Cada demanda que presentes/ Estaré vigilándote

Desde que te fuiste, me he perdido sin dejar rastro/ Sueño de noche, pero solo veo tu rostro/

Miro a mi alrededor, pero es a ti a quien no puedo sustituir/ Tengo frío y anhelo tu abrazo/

Lloro sin cesar, nena, nena, por favor

¡Oh! ¿acaso no ves/ Que me perteneces?/ Cómo me duele mi pobre corazón/ Con cada paso que das

Cada movimiento que hagas/ Cada paso que des/ Estaré vigilándote/ Estaré vigilándote

Cada vez que respires/ Cada movimiento que hagas/ Cada voto que rompas/ Estaré vigilándote

 

 

Esperando a Godot

Agosto 1, 2008

   

 

 

 

 

  

   

    Los aeropuertos se llenan estos días de gente que va y viene y, entre tanto, de gente que espera… Espera para disfrutar al fin de las ansiadas vacaciones en algún lugar exótico o para volver a casa habiéndolas disfrutado ya. Hay gente que espera la llegada o la vuelta de algún conocido, para reclamar la devolución del importe del billete de un vuelo fallido, o para obtener información sobre una maleta perdida… En fin, espera.

    Los viajeros van preparados con todo lo necesario para soportar mejor la larga espera. Los best sellers hacen entonces su agosto, aunque hoy esto sea redundante. Estos libros se apilan en los expositores y parece resultar difícil resistirse a títulos tan sugerentes. Confieso que no he leído ninguno, no pretendo ser elitista, es la pura realidad, pero conozco de referencia alguno con bastante detalle. En concreto, el famoso Código Da Vinci que hizo removerse algo en la iglesia católica hace algún tiempo. Dan Brown supo aprovecharse de la confusión entre literatura e historia.

    Esperando, encuentro en la web una página curiosa. Aquí os dejo el enlace. Te ofrecen, gratuitamente, el título y el argumento de lo que, sin duda, podría llegar a ser un auténtico best seller  de Dan Brown y si todavía te muestras reticente, actualizando la página te sugieren otro título y su argumento y otro y otro… Parece de cobardes no intentarlo, buscar editor y probar suerte.

    Yo soy cobarde. Prefiero escribir estas líneas después de leer a alguien más cercano, Juan José Millás. En su página oficial podéis encontrar algunos de sus ”articuentos”. Recuerdo que hace tiempo leí uno genial, Clandestinos. La pasión por la lectura es el tema, el humor de Millás, inconfundible. En él hay una magnífica referencia a Beckett. Beckett y, en concreto su obra Esperando a Godot, era una de mis lecturas pendientes desde hacía tiempo.

    El teatro es fundamentalmente un espectáculo que adquiere su máxima dimensión sobre las tablas del escenario. El texto teatral reproduce, en algunos casos, sólo la banda sonora de ese espectáculo. Por ello, en los inicios ni siquiera se recogía el texto para editarlo. Se hizo con posterioridad y los autores se dedicaban a embellecer esa parte descuidando las demás, aunque existen hoy en día ediciones especiales en las que se recoge todo. La lectura de teatro me ha causado siempre admiración. El lector de teatro se convierte, por unas horas, en director de la obra, de su propia representación. Y ser lector antes que espectador tiene su encanto.

    El editor de la obra de Beckett en Tusquets nos cuenta que cuando en 1953 se estrenó en París Esperando a Godot, pocos sabían quién era Samuel Beckett, salvo, quizá, los que ya lo conocían como ex secretario de otro irlandés no menos genial: James Joyce. Por aquellas fechas, Beckett tenía escrita ya gran parte de su obra literaria; sin embargo, para muchos pasó a ser “el autor de Esperando a Godot”. Se dice que, desde aquella primera puesta en escena –que causó estupefacción y obtuvo tanto éxito- hasta nuestros días, no ha habido año en que, en algún lugar del planeta, no se haya representado la obra. El propio Beckett comentó en cierta ocasión, poco después de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1969, que  Esperando a Godot era una obra “horriblemente cómica”. Sí, todo lo horriblemente cómica que pueda resultar la situación de dos seres cuya grotesca vida se funda en la vana espera de ese ser al que llaman Godot.

    Es una buena lectura, sin duda, para la espera y mi vuelo sale con retraso…

          

¡Un libro!

Julio 27, 2008

   

 

 

 

 

 

 

 

    Carles Rull recoge en su página sobre literatura juvenil el texto Estrategias del deseo o trucos para leer del maestro Emili Teixidor, un reconocido escritor de libros infantiles. Sus sabios consejos ayudan al profesor, iniciado o no, en la tarea de despertar el deseo de leer de sus alumnos. 

    El inicio de la adolescencia es, quizá, el mejor momento. Conscientes de ello, las editoriales se afanan por ofrecer títulos adecuados a los tiempos que corren. El debate está servido. En los departamentos de lengua coexisten desde hace ya tiempo con los clásicos, en muchos casos también adaptados.

    Pero la LOE, al destacar el fomento de la lectura como tema transversal, extiende esta tarea al resto de departamentos.

    Sin embargo, los compañeros no lo tienen nada fácil. Unos alumnos de 3º de ESO me comentaban, este curso pasado, que estaban indignados porque su profesora de ciencias sociales les había pedido que leyeran un libro. ¡Un libro! Que lo de los libros era cosa mía (y de nadie más, cuidado). Al igual que yo no podía perderme en disquisiciones filosóficas, supongo. Esto debería hacernos reflexionar acerca del valor de la lectura y de si los profes de lengua nos hemos apropiado de él, sin ser conscientes.

    Lo cierto es que hay mucho trabajo por hacer. En mi caso, muchas lecturas pendientes. A falta de una historia crítica de la literatura juvenil, mi experiencia se nutre de mis propias lecturas, los descubrimientos que me han hecho otros compañeros y los generosos apuntes de profes blogueros. Poco a poco, espero ir creando mi propia biblioteca. En ella, no faltarán títulos ya clásicos como El guardián entre el centeno  o La perla. Dedicaré algunas líneas en el futuro a estas lecturas que podríamos denominar profesionales pero sin olvidar las personales haciendo mío ya el primer truco de Teixidor: Primero lee tú y los demás imitarán el placer que tú expandas. Predica con el ejemplo. 

                

Aceptar la crítica

Julio 20, 2008

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    Dominar el arte de la argumentación era fundamental en el Mundo Clásico. Tanto es así, que los estudiantes debían conocer todos los secretos de la Oratoria y la Retórica si pretendían persuadir a su auditorio. Conseguirlo en el ágora griega o en el foro romano era el mayor de los éxitos como ciudadano.

    Para el entrenamiento, uno de los ejercicios utilizados consistía en hacer defender a un alumno una postura y su contraria. De este modo, ese alumno aprendía a recorrer el largo camino que separaba su visión personal de la del resto, el camino entre el “yo” y el “otro”. El objetivo seguía siendo el de convencer con argumentos al adversario pero podemos comprender que en el proceso nuestro alumno ampliaba su horizonte intelectual. 

    Hoy en día resulta igual de complicado recorrer ese camino, pero es, como entonces, igual de necesario. Todos atesoramos un gran número de opiniones personales que consideramos totalmente acertadas, ajenas, por tanto, a cualquier posible discusión. Seguros de que nada ni nadie podrá cambiarlas, no entendemos que han sido  forjadas a lo largo de los años sobre principios, en ocasiones, harto débiles.

    Al hilo de esto, me viene a la memoria una frase del filósofo ateniense Sócrates (469aC.-399aC), muy famosa entre los profesores, que define la visión que supuestamente él tenía acerca de los jóvenes de su tiempo : “Los jóvenes de hoy” ,nos dice, “aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros.” Supongo que, pese al paso del tiempo, os resulta muy familiar.

    Por tanto, no debemos conformarnos con tener opiniones personales, sin más, deberíamos ser conscientes de su origen, saber  argumentarlas, sin olvidar que hay personas que opinan lo contrario, respetar sus opiniones, estar dispuestos a recibir críticas por las nuestras y no pretender imponerlas porque sí. De este modo, volveremos al foro antiguo desde este foro nuevo, reinventado, cibernético. El “yo” dejará de ser por un instante el centro y construiremos un ”nosotros” más acogedor. 

    Antonio Muñoz Molina reflexiona sobre este tema en un artículo titulado Alguien lo sabe que se incluye en el suplemento Babelia de este fin de semana en El País

    Él dice que vivimos en ” una época de hipertrofia del yo, alimentada y fortalecida por tantas tecnologías que le permiten a uno vivir cada vez más en una burbuja de egolatría caprichosa y comunicar al mundo de manera inmediata cada valiosa ocurrencia en el querido diario de un blog. La aurora del desierto no necesita testigos para suceder; de hecho, las auroras, igual que los anocheceres, o que las apariciones de la luna, o que la floración de los almendros, han sucedido sobre la tierra a lo largo de millones de años antes de que ningunos ojos humanos pudieran mirarlas. Pero esa idea es irritante, incluso inaceptable, para la nueva época del yo absoluto, que imagina que nada existe fuera de él, con la misma convicción con que un aficionado al horóscopo considera verosímil que las estrellas se ordenen con la finalidad de predecirle si su novia dejará de quererlo o si le subirán el sueldo el año que viene. Cada artefacto nuevo lleva en el nombre la marca del yo, de lo mío, del tú que no es el otro sino el reflejo narcisista de la propia identidad: I-pod; I-phone; My-Space; YouTube.”

    Conspiremos, pues, contra Narciso. Aunque, por mucho que queramos, sea una batalla perdida.

  

Puro teatro

Julio 15, 2008

 

 

 

 

  

 

 “Sensato es el hombre que huye de la guerra

Mas si llega la guerra, no es corona de infamia para

una ciudad

morir honrosamente. La deshonra es morir

cobardemente.”

    Estas palabras, pronunciadas por Casandra en el Prólogo de Las Troyanas, obra de teatro de Eurípides (ca. 484-406 a.C.), se escucharon la noche del domingo con fuerza en el Teatro Romano de Mérida, en el marco de su Festival anual, bajo la dirección de Mario Gas. Poder disfrutar de la representación en ese entorno fue, sin duda, todo un privilegio.

    Revisemos primero un poco la historia de la ciudad.

    Mérida fue fundada en el 25 a.C. con el nombre de Emerita Augusta por Octavio Augusto para los soldados eméritos, jubilados con honor, del ejército romano. Capital de la provincia romana de Lusitania, de su época de esplendor se conserva el teatro, el anfiteatro, el circo, los templos, los puentes y acueductos… El Conjunto Arqueológico Emeritense fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. La visita es, por tanto, obligada.

 

 

 

 

   

 

     Pero, a la curiosidad por ver de cerca los hallazgos arqueológicos, hay que añadir el hecho de que en el Teatro Romano se representen obras clásicas hoy en día. Ver teatro en Mérida nos traslada a otro tiempo y resulta ser una experiencia inolvidable.

    Unos apuntes sobre el edificio del Teatro.

    Concebido dentro del plan urbanístico de la ciudad, se ubica en uno de los extremos del recinto amurallado.

    El graderío o cávea, con una capacidad para seis mil espectadores, se construyó, en parte, aprovechando la ladera del cerro de San Albín. Se accede a esta zona siguiendo la vía que rodea la fachada del edificio. En ella se abren trece puertas que comunican con el interior.

    El graderío se halla dividido en tres sectores, separados por unos pequeños muros, que responden a la diferenciación social de la época. El inferior, ima cávea, dispone de veintidós gradas y seis puertas en su parte superior que se comunican con un corredor semicircular que facilita la salida por dos puertas situadas en los extremos.

    Un pequeño espacio que corta el centro de las tres gradas inferiores, se ha interpretado como un santuario de culto imperial.

    La media y summa cávea, media y superior, poseen cada una cinco filas de asientos, siendo las últimas las que se conservan en peor estado.

    La orchestra, en la que se situaba el coro, pavimentada con losas de mármol, está rodeada de tres gradas de honor reservadas para las autoridades. En su frente, un pequeño muro con alternancia de tramos curvos y rectos la separa del escenario.

    La noche de la representación.

    La representación comenzaba a las once de la noche del domingo 13 de julio. El teatro abría sus puertas a las diez y esperaba al visitante engalanado y tenuemente iluminado, lo que contribuía a crear un ambiente muy especial. A mi asiento, el 19 de la fila 10 de la cávea ima, accedí por la última puerta, a través del corredor semicircular del que os hablaba antes. Poco a poco el recinto fue llenándose de gente pero no se completó el aforo.

    Resultó curioso estar allí, sobre un asiento de piedra, y escuchar por megafonía eso de que la función iba a comenzar… “apaguen sus teléfonos móviles…”

    El autor y la obra.

    Considerado generalmente el más moderno de los tres grandes dramaturgos clásicos griegos, los otros dos son Esquilo y Sófocles, Eurípides se distinguió por plantear en sus obras los conflictos morales más permanentes de la condición humana. La experiencia de la guerra del Peloponeso, de la que fue testigo en el postrer tramo de su existencia, le movió, como bien testimonia Las Troyanas, a tomar una posición antibelicista que, desgraciadamente, al cabo de los siglos, no ha perdido vigencia. La obra versa sobre el desastre que suponen las guerras, cualquier guerra, así como sus detestables secuelas.

    El tiempo pasa y todo lo cambia, los conflictos, sin embargo, permanecen. La condición humana parece no haber aprendido de sus errores del pasado y se deja llevar todavía hoy por sus ansias de poder y de violencia. La guerra es un remedio para saciarlas.

    En toda guerra hay vencedores y vencidos y una ley tácita por la que los primeros no se conforman con la victoria sino que aspiran a la humillación y al exterminio del enemigo. Así sucede en  Las Troyanas y, por eso, las palabras de Casandra con las que comenzaba son cruciales en la obra. Casandra representa la locura. Sin embargo, sus palabras son muy cuerdas. Cuenta el mito, que Apolo pretendió enamorarla otorgándole el don de la profecía. Pero ella rechazó su amor y Apolo se vengó haciendo que nadie creyera sus reveladoras predicciones. Por eso nadie la creyó cuando anunció el gran peligro que ocultaba en sus entrañas el caballo de madera que los griegos regalaron a la ciudad de Troya como señal de buena voluntad para poner fin,supuestamente, a una guerra que duraba ya diez años. El ejército griego, escondido en su interior, esperó a la noche para sorprender a sus enemigos y destruirlos, destruyendo con ellos su ciudad y toda posible esperanza.

    La obra de Eurípides comienza el día después del fin de esa guerra. Ese día, las mujeres troyanas esperan solas el resultado del sorteo que les asignará un dueño griego con el que deberán partir hacia su nueva vida como esclavas. Esperan solas porque sus maridos e hijos han muerto en la batalla y no hay ya nadie que pueda defenderlas. Entre ellas se encuentra Hécuba, la reina de Troya, Casandra, su hija, Andrómaca, su nuera y la espartana Helena, odiada por todas, por ser la causante de la guerra al haberse fugado con el troyano Paris, hijo de Hécuba. Las desgracias se suceden ante los ojos de una reina destronada.

    Es la guerra vista por Eurípides con ojos de mujer, la eterna perdedora en todas las guerras. Y como no podía ser de otro modo, las mujeres, las actrices, brillaron con luz propia sobre el escenario, dando vida a un texto duro, amargo, beligerante, piadoso y profundo que no puede dejar indiferente a nadie. Ver escena.

    La canción Imagine de John Lennon es un himno en contra de todas las guerras que no ha perdido su capacidad de emocionarnos pese al paso de los años. Aquí tenéis la letra original y su traducción.   

 

 

ARTISTA: JOHN LENNON

 

ALBUM:

TEMA ORIGINAL: IMAGINE

TRADUCCIÓN: IMAGINA

IMAGINE THERE’S NO HEAVEN
IT’S EASY IF YOU TRY
NO HELL BELOW US
ABOVE US ONLY SKY
IMAGINE ALL THE PEOPLE
LIVING FOR TODAY…
IMAGINE THERE’S NO COUNTRIES
IT ISN’T HARD TO DO
NOTHING TO KILL OR DIE FOR
AND NO RELIGION TOO
IMAGINE ALL THE PEOPLE
LIVING LIFE IN PEACE…
YOU MAY SAY I’M A DREAMER
BUT I’M NOT THE ONLY ONE
I HOPE SOMEDAY YOU’LL JOIN US
AND THE WORLD WILL BE AS ONE
IMAGINE NO POSSESSIONS
I WONDER IF YOU CAN
NO NEED FOR GREED OR HUNGER
A BROTHERHOOD OF MAN
IMAGINE ALL THE PEOPLE
SHARING ALL THE WORLD…
YOU MAY SAY I’M A DREAMER
BUT I’M NOT THE ONLY ONE
I HOPE SOMEDAY YOU’LL JOIN US
AND THE WORLD WILL LIVE AS ONE

IMAGINA QUE NO EXISTE EL CIELO,
ES FÁCIL SI LO INTENTAS,
SIN EL INFIERNO DEBAJO DE NOSOTROS,
ENCIMA DE NOSOTROS, SOLO EL CIELO.
IMAGINA A TODA LA GENTE
VIVIENDO EL HOY…
IMAGINA QUE NO HAY PAÍSES,
NO ES DIFÍCIL DE HACER,
NADIE POR QUIEN MATAR O MORIR,
NI TAMPOCO RELIGIÓN,
IMAGINA A TODA LA GENTE,
VIVIENDO LA VIDA EN PAZ…
IMAGINA QUE NO HAY POSESIONES,
QUISIERA SABER SI PUEDES,
SIN NECESIDAD DE GULA O HAMBRE,
UNA HERMANDAD DE HOMBRES,
IMAGÍNATE A TODA LA GENTE
COMPARTIENDO EL MUNDO
PUEDES DECIR QUE SOY UN SOÑADOR,
PERO NO SOY EL ÚNICO,
ESPERO QUE ALGÚN DÍA TE UNAS A NOSOTROS
Y EL MUNDO VIVIRÁ COMO UNO.

 

De vacaciones

Julio 11, 2008

    Sucede algunas veces que después de un gran esfuerzo, la realización de los exámenes, por ejemplo, o de haber experimentado la alegría o el disgusto por las notas, llegan de repente las vacaciones y nos sitúan ante un abismo de minutos, horas, días que hay que ocupar en algo. Parecido es ese abismo al que observan los escritores ante la hoja en blanco.

    Por un momento nos sentimos libres, nos convertimos en escritores, o al menos lo intentamos, de nuestras propias vidas. Tenemos a nuestro alcance muchas hojas en blanco y para escribirlas, aparentemente ningún guion. 

    Sé que alguno de vosotros debe estudiar en verano para las recuperaciones de septiembre y entenderá que, en su caso, esto no es del todo así. Otros tendrán ya planificadas sus vacaciones con la familia o amigos. De cualquier modo, todos tenemos algún tiempo precioso por delante para disfrutarlo.

    Os propongo comenzar el verano leyendo este breve relato de Almudena Grandes que trata de lo difícil que es para algunas personas romper con la rutina cuando llegan las vacaciones pues esa rutina constituye un refugio para sus vidas. Disfrutadlo.